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lunes, 12 de marzo de 2012

Crítica: "Al final de la escapada", de J.L.Godard (1960)


"¿Tienes miedo de hacerte viejo? Yo sí".
 
En el año 1959, Jean-Luc Godard, uno de los máximos representantes del movimiento cinematográfico francés de la Nouvelle Vague, realizó uno de los films insignia de esta corriente, À bout de souffle (Al final de la escapada), un peculiar homenaje al cine negro americano que a su vez permite reflexionar sobre multitud de temas como la delincuencia, la juventud, las relaciones de pareja, el existencialismo o la cultura, entre otros.

La historia narrada se centra en la relación amorosa entre Patricia Franchini, una americana asentada en París, y Michel Poiccard, un ladrón de coches que huye de la policía tras el asesinato de un agente. Esta relación, tan típica desde el punto de vista cinematográfico como improbable en la realidad, permite conocer los roles ejercidos por cada una de las partes, así como los principales cambios que se han producido en el papel asignado a la mujer. Tradicionalmente, en el cine americano ésta había ejercido un rol pasivo, esto es, que el sujeto de acción era siempre el hombre, mientras que ella era objeto de contemplación. Sin embargo, en el film que nos ocupa, se observa un cambio en la forma de ser y de actuar de Patricia, puesto que es económicamente independiente, de espíritu libre y culta. Naturalmente, esto no era algo generalizado a finales de la década de los cincuenta, pero sí se había producido un cierto cambio con el nacimiento de teorías feministas que reivindicaban un mayor papel social para la mujer, algo que tendría sus repercusiones en las dinámicas de pareja (sexo, machismo, amor, erotismo). De este modo, Michel pretende dar la imagen de hombre duro, muy al estilo de Humphrey Bogart (al que homenajea constantemente con un gesto de los labios que popularizó el actor americano), intentando imponerse a la mujer mediante una actitud machista y dominadora, pero sin conseguirlo; a pesar de sus intentos, Michel no puede ser como Bogart, pero la causa no hay que buscarla en él, sino en el cambio que ha experimentado la mujer. Patricia es, desde el punto de vista mental, mucho más fuerte que él, tiene las ideas claras y no duda en darle un tortazo a su amante cuando éste se propasa con ella. Por tanto, es una modificación en el rol femenino lo que se produce en estos momentos, si bien la actitud machista e irreverente para con las mujeres continua imperando entre la población masculina. De este modo, la concepción general es que éstas son inestables (“Las mujeres nunca hacen en 8 segundos lo que pueden hacer 8 días después. Lo mismo dan 8 segundos que 8 días”, afirma Michel), frías (“Los sentimientos son un lujo que muy pocas mujeres se permiten”, según Parvulesco) e interesadas, pues atendiendo a las palabras de Parvulesco existen dos cosas importantes, “para los hombres, mujeres y para éstas, dinero”. Además, sigue existiendo la tendenciosa costumbre de culpar a la mujer por haberse quedado embarazada, algo que se observa en el momento en que Michel le grita a Patricia un ¡Podrías haber tenido más cuidado! cuando ésta le dice que está embarazada. Pero Patricia cada vez depende menos de Michel y tiene la suficiente fuerza para negarse a fugarse con él a Roma y dejar su trabajo en la redacción del Chicago Tribune. Con esto, se refuerza la idea de que ahora es la mujer la que decide y que no tiene por qué depender del hombre, ni siquiera en la cuestión del sexo. Y es que la modificación en los roles de la mujer también tendrá sus repercusiones en las dinámicas sexuales de la pareja, algo que el film muestra abiertamente. Así, un buen fragmento del metraje –cerca de un cuarto de hora– se destina a una escena de cama explícita, en la que los protagonistas hablan de sus experiencias anteriores e incluso mantienen relaciones sexuales. Esta circunstancia pone de manifiesto que el sexo ha dejado de ser un tabú, en la línea de la mentalidad renovadora propia de la Nouvelle vague y de una parte de la sociedad de finales de la década de los cincuenta, sobre todo los jóvenes, que son los que realmente se reflejan en el film.
Por otro lado, esa relación de amor imposible, loco y turbulento entre Michel y Patricia se encuentra en sintonía con una corriente filosófica que estaba en boga por aquel entonces en Francia y que encontró en Camus, Sartre y Beauvoir sus máximos exponentes, esto es, el existencialismo, un cuestionarse constantemente sobre el sentido (absurdo) de la vida. Ante esa incerteza, se propone un “vivir el momento”, como el que viven los protagonistas de Al final de la escapada, pues su relación a fin de cuentas, está condenada al fracaso. Sin embargo, la angustia vital se manifiesta de un modo diferente en ambos; Michel tiene como realidad última la muerte: “pienso constantemente en ella” afirma, pero no se cuestiona si hay algo peor que ésta, como la ausencia de libertades, la ignorancia, el dolor o el darse cuenta del inexorable paso del tiempo. Todas estas preocupaciones se pueden observar en el personaje de Patricia, quien vive en un desasosiego continuo ante el verdadero sentido de la vida. De este modo, citando a William Faulkner, se cuestiona si es mejor el dolor o la nada, optando por el primero como indicativo de la existencia de algo. En cambio, Michel prefiere la nada y todo lo que ello comporta, esto es, la ausencia de cualquier compromiso. Asimismo, cuando Patricia le pregunta “¿Tienes miedo a hacerte viejo? Yo sí”, él le responde con un “¡Eres idiota!”, denotando una mayor despreocupación que su compañera ante las grandes cuestiones de la vida; sencillamente, ella es mucho más madura y compleja desde el punto de vista psicológico que su compañero, es por ese motivo por el que constantemente se plantea a sí misma preguntas de las que tampoco espera encontrar respuesta: “No sé si estoy triste porque no soy libre o si no soy libre porque estoy triste”. De este modo, el espectador puede sentirse invitado a reflexionar sobre estas preguntas, que no se dan en Patricia de forma casual ni gratuita, sino que responden a la filosofía de vida que la juventud del momento había adoptado, una juventud dispuesta a cambiar el mundo, que se rebelaba contra el orden establecido y que posteriormente eclosionaría en las revueltas estudiantiles del denominado “Mayo del 68”. Esta rebeldía propia de la juventud se muestra en el film a través de la delincuencia, convirtiendo a Michel en alguien al margen de la ley y contrario a la autoridad. Por tanto, si la rebeldía supone el mecanismo de defensa de la juventud ante los tradicionalismos y el existencialismo se convierte en su filosofía de vida, podemos concluir que los diversos temas convergen en uno principal, la propia juventud, que es, en último término, la que podrá encabezar la revuelta que conduzca a un verdadero cambio social y político. Sin embargo, tampoco se persigue una ruptura con todo lo tradicional, pues las referencias en el film a elementos del pasado que se consideran buenos para recordar son constantes (Renoir, Picasso, Faulkner, Bach, Mozart, Bogart, Cocteau y muchos otros), lo que denota la gran cultura que poseía el director. Y es que Godard, como otros cineastas de la Nouvelle Vague, fue ante todo un intelectual que empleó el cine como un modo de reflexionar sobre la propia práctica cinematográfica y sobre los cambios que se estaban produciendo en los diversos ámbitos de la sociedad. Por ese motivo, Al final de la escapada constituye un interesante instrumento para acercarnos a una parte de la sociedad francesa que, a finales de la década de los cincuenta, estaba reclamando una ruptura con los valores y costumbres tradicionales. De este modo, constituye también un útil documento que permite conocer los cambios que atañen al rol social de la mujer, la alteración de las relaciones de pareja, así como la filosofía existencialista de la que se imbuyeron multitud de artistas, intelectuales y, en definitiva, todo aquel que se cuestionase el sentido de lo tradicional en busca de nuevas respuestas.


Aida Marín Yrigaray

viernes, 9 de marzo de 2012

Crítica: "La ley del silencio", de Elia Kazan (1954)


  
 "El que da primero, da dos veces"

La ley del silencio es un film recordado por muchos como uno de los grandes de Marlon Brando; a lo sumo, aquellos un tanto más entendidos, lo relacionan a la época del cambio del cine dado durante los años 50; pero pocos espectadores actuales entrevén el real mensaje que el director tejió en el film como justificación de sus actos casi a modo de expiación (y que, en el momento, todo el mundo entendió).
De elegante producción y acabados que le valieron doce Oscars, así como otros premios en los Globos de Oro o el Festival de Venecia, muchos son los que recomiendan analizarla cinematográficamente además de por sus implicaciones personales y políticas. Seguramente eso fue lo que hicieron los miembros de la Academia, pero nosotros no renunciaremos al suculento plato del análisis social al que podemos acceder gracias a este film.
El tema preponderante, teóricamente, es el de la vida en un mundo dominado por las mafias, la realidad asfixiante para los pobres que deben sufrirlo y como intentan superarlo. Pese a ello podemos entrever un tema implícitamente sumergido en la cinta que es, ni más ni menos, que una justificación por parte del director de su participación en la “Caza de Brujas”.
¿Cómo entrevemos este mensaje? A través de un fino entramado de personajes, con su interacción así como con su reacción respecto a la delación y el personaje principal.
En una primera lectura no profunda identificaríamos diferentes personajes y sus funciones dentro de la historia: Terry representaría el  delator y finalmente guía de la población de los muelles, un detonante para la liberación. Edie sería su chica y a su vez un detonante de dulzura en el frío mundo en el que se mueve Terry (algunos críticos por ejemplo relacionan la escena en la que Terry se pone el guante de Edie como un símbolo de esa búsqueda de calidez que acaba en ella y que le protege de la frialdad de su mundo como el guante protege a la mano). Por otra parte encontramos al padre Barry, personaje activo que también intenta detonar el cambio. Todos ellos se ven rodeados por tres grandes masas de personajes: por una parte los mafiosos, por otra los obreros y finalmente por el FBI.
Una segunda lectura más profunda, a la luz de los sucesos y las situaciones durante la “Caza de Brujas” de la Posguerra, revela un fino juego de dos bandos en el que se nos muestra la delación justificada por parte del personaje principal, por sus actos y sus resultados. Edie y el padre Barry seguirían en sus funciones de conciencia pasiva y activa respectivamente. Los mafiosos representarían a los comunistas, ya que son los delatados que ejercen su fuerza injusta sobre el pueblo. El FBI simbolizaría o sería el equivalente a la comisión del Comité de Actividades Antiamericanas.  Los obreros representarían al pueblo americano en general bajo la sobra de los anteriores pero con fuerza para enfrentarlos. Terry finalmente, en este caso, representaría al delator o chivato, pero en definitiva es el bueno del film que, pese a estar indeciso inicialmente, se ve seducido a hacer lo correcto: he ahí la justificación para la delación. Se nos muestra así la idea del director respecto a lo lícito de la delación en un mundo en el que el germen del Comunismo se esparce. Un mensaje cifrado perfectamente encubierto por el nuevo manto de realismo de moda en la cinematografía de la época.
En todo esto se acaba entretejiendo un ambiente casi aleccionador respecto al espectador en el que constantemente se habla de moralidad, como por ejemplo en los largos sermones del padre Barry, como en el que efectúa después de la muerte de uno de los obreros que pretendían ser delatores. Todo ello mezclado entre símbolos de palomas y  halcones (a modo de buenos y malos),  de guantes blancos (como símbolos de pureza) y de chaquetas que pertenecieron a difuntos que se van pasando de mano en mano como si de un relevo moral se tratara.
Kazan en el film pretende pasarnos la antorcha del relevo moral a los espectadores a través de esta historia casi expiatoria, si no autobiográfica, sobre los sucesos que vivió a partir de 1952, después de su primera comparecencia ante el Comité de Actividades Antiamericanas.
Se sabe que delató y testificó contra ex-compañeros del Partido Comunista, gracias a lo que conservó su posición; pero el hecho no sería olvidado por muchos compañeros de profesión y actores.
La justificación de estos actos no sólo llegaría a través del film analizado, sino también a través de de la novela El Anatolio y en el film América América (1963). En ellos se da a entender que la razón para tomar ciertas decisiones fue su sincera admiración por América y su forma de vida, así como su intención de preservarla. Todo ello lo hace a través de la historia autobiográfica de un joven griego que debe abandonar su tierra natal para acceder a lo que será un nuevo país y una nueva esperanza.
Las consecuencias de su participación en la “Caza de Brujas” le perseguirían el resto de su vida, empañando incluso su carrera hacia los Oscar después de este film. Sería nominado tres veces sin conseguirlo y su última nominación al Oscar Honorífico en 1999 se vería rodeada de polémica, algunos incluso se negaron a levantarse para aplaudirle llegado el momento.
La obra de Elia Kazan se establece como uno de muchos intentos en la historia del cine respecto al dar explicaciones o coger ejemplos sencillos para explicar otras cosas no tan visibles. En el caso que analizamos muchos son los críticos que alegan que pese al intento de justificación propia y acusación a los comunistas que representa la película, en definitiva es un ejemplo claro de un drama lírico a caballo entre el film de denuncia y el melodrama social que ni debe subestimarse ni puede ignorarse en la historia de los grandes del cine. 



Ester Torrents Iglesias

martes, 6 de marzo de 2012

Crítica: "Los mejores años de nuestra vida", W.Wyler (1946)





 "¿Sabes lo que nos espera?
 No tendremos dinero, ni una casa descente 
y la gente nos tratará a puntapiés" 

 


Esta obra del director de origen alemán William Wyler se inscribe en el contexto del final de la II Guerra Mundial en EEUU. Las victorias aliadas en Normandía y París (1944) impulsaron la escritura de la novela en la que se basa dicho film, Glory for me, de McKinley Kantor, gracias al productor Samuel Goldwyn, con el que Wyler colaboraba desde 1936. Apenas un año después, en 1945, Kantor termina su obra y el guionista Robert Sherwood es contratado para adaptarla con tal de realizar el film. A su vez, Wyler regresa del frente, donde combatió en las fuerzas aéreas estadounidenses y, al año siguiente, comienza el rodaje, prácticamente al mismo tiempo que siete millones de soldados vuelven a EEUU de la guerra en Europa y Churchill acuña el término “Telón de Acero” (que supuso el aislamiento de la URSS con respecto al bloque occidental, liderado por EEUU). Estos acontecimientos alrededor de la concepción del film son imprescindibles para comprenderlo en toda su profundidad y observar la forma en que se exponen los diferentes temas que trata y su relevancia en la sociedad a la que se dirigen.
El contenido de este film podría resumirse en tres grandes bloques temáticos, a saber, la guerra y el contexto histórico del momento, la sociedad estadounidense y la moral imperante en EEUU. Por su relevancia en el film se expondrán con más detalle los temas referentes al primer bloque.
El primer tema, y el más fácilmente identificable, es el regreso a casa de los soldados estadounidenses tras la II Guerra Mundial. Como se ha señalado antes, al mismo tiempo que se comenzaba el rodaje de Los mejores años de nuestras vidas volvieron del frente siete millones de soldados. De esta forma, la obra de Goldwyn y Wyler se aseguraba el éxito de público tratando un tema como este, si bien la forma en que aparece en el film merece algunas consideraciones aparte. El regreso de los soldados aparece aquí mostrado desde dos perspectivas bien diferenciadas: la de los propios excombatientes y la de la sociedad que los recibe. Los primeros se muestran temerosos ante la llegada a casa, conscientes del tiempo transcurrido y marcados por los horrores vividos en la batalla (la discapacidad y los traumas causados por el enfrentamiento bélico son otros de los temas que aparecen en el film, sobre todo en la figura del capitán, Fred, y sus pesadillas y el marine Parrish, al que le faltan ambas manos). Los segundos, el pueblo estadounidense, reciben el impacto de la realidad de la guerra en sus seres queridos, con una respuesta sedada por la información que a lo largo del conflicto recibieron de los medios, que “maquillaron” esa cruda realidad y crearon una guerra diferente a la de los que la vivieron en primera persona. En cuanto a los daños de la guerra en los soldados (discapacidad, traumas), también hay una lectura diferente a la de los protagonistas en la gente que les rodea, como se observa en el acogimiento del marine por parte de su familia y conocidos. Esta “doble duplicidad” se muestra enfrentada, intentando hacer justicia tanto a unos como a otros, y elaborando así una aproximación más fidedigna a la realidad del momento (cosa que hizo que este film, a pesar de su éxito en los Oscars, fuera tachado de “antiamericano” por el Comité de Actividades Antiamericanas, al mostrar la frialdad o indiferencia del pueblo con el regreso de los soldados).
Otro tema que aparece, aunque referenciado sólo puntualmente, es la propia II Guerra Mundial como hecho histórico. De este modo, se alude a algunos acontecimientos del conflicto, si bien una vez identificados, se puede comprobar que únicamente se habla de las grandes batallas victoriosas de los aliados (Normandía, Iwo Jima, Filipinas, Hiroshima, Francia) y del “héroe americano”, el general McArthur. Este hecho no es gratuito, sino que plasma la manipulación mediática del conflicto en la sociedad estadounidense que, a través de la prensa, recibía sólo estas victorias como noticias del mismo. Es por esto también que la visión antes referida de la gente que permaneció en EEUU era tan diferente de la de los soldados que volvían del frente. De esta manera se muestra cinematográficamente un hecho curioso, el de que para el pueblo estadounidense, los soldados que regresaban de la II Guerra Mundial no habían vivido la guerra y viceversa. En este sentido histórico (y también referenciado implícitamente), otro tema que aparece en el film es la situación económica y política de EEUU tras la II Guerra Mundial. Los daños del conflicto apenas se sintieron en suelo estadounidense (a excepción de Pearl Harbour, que no aparece), pero sí que se produjeron beneficios económicos que transformaron la forma de vida del país (sobre todo gracias a la venta de armamento). Este impacto económico se tradujo en una ebullición de industrias y puestos de trabajo que, con la finalización de la guerra, desaparecerían. Es por esto que, a partir de 1945, algunos se mostraron indecisos ante el nuevo cariz que tomaría la situación del país, como se puede observar en el film en algunos comentarios de Mr.Cameron (en este sentido, el film se podría relacionar con las políticas económicas impulsadas por el presidente Franklin D.Roosevelt antes de la guerra, conocidas como “New Deal”). Siguiendo con el aspecto político, se muestra también un adelanto de lo que fue el denominado “McCarthismo”, proceso de persecución (generalmente, sin fundamentos) por traición a la patria encabezado por el senador Joseph McCarthy durante la primera década de los años 50. El mejor ejemplo de esto es la escena en la heladería, en la que un cliente conversa con el soldado lisiado Homer Parrish, donde se cuestiona la entrada de EEUU en la guerra.
Para concluir con este bloque temático, las referencias al uso de la energía atómica para la guerra hacen referencia tanto a un hecho histórico (las bombas de Hiroshima y Nagasaki) como a un aspecto ideológico de los creadores del film, al poder leerse a partir de ello una tendencia pacifista. En el ámbito de la ideología, sin embargo, hay que mencionar también un tema que aparece por omisión, el de la sociedad negra en la realidad estadounidense del momento. En todo el film no aparece ninguna persona negra, ni siquiera se hace mención de los centenares de soldados de esta etnia que defendieron las filas aliadas en la guerra. Esto puede venir dado por iniciativa de los creadores del film (cosa que resultaría paradójica al ponerla en relación con la tendencia progresista que se comentaba más arriba) o, por otro lado, podría responder a la adecuación del film a las directrices de la censura política en el cine del momento (si bien también resulta problemática esta interpretación, puesto que no hubo reparos en evidenciar otros aspectos “oscuros” de la sociedad norteamericana).
Para finalizar, el resto de temas que aparecen en este film de Wylder muestran en la gran pantalla algunas de las características que definían el EEUU de entonces: la diferenciación de clases sociales por el nivel adquisitivo (en contraposición al Ejército y su apreciación de la capacidad personal) o el papel de la mujer en esta época cubren un plano social; mientras que la representación del matrimonio (y, en omitida oposición, el divorcio) o el problema del alcoholismo harían referencia a la moral puritana del país.



Marta Chamorro Velázquez

martes, 28 de febrero de 2012

Primera Sesión: THE ARTIST (2011)


El proper 27 de març, a les 18:30h. (Aula 301), té lloc la primera sessió del Club de Cinema de la URV amb un film de "rabiosa" actualitat.
Per inaugurar el Club (i passar la prova de foc), hem cregut adient dedicar aquesta primera reunió a un film que darrerament ha donat molt de què parlar: la gran guanyadora a la Gala dels Oscars, THE ARTIST (2011), de Michel Hazanavicius.
Tot aquell que estigui interessat en participar, pot visionar el film abans de la cita que tenim el 27 de març, per tal de preparar una mica el terreny i fer comentaris allà sobre ell. Si teniu algun dubte, poseu-vos en contacte amb el Club de Cinema o l'Aula de Cinema de la URV i us facilitarem en la mida que ens sigui possible el camí.
Us hi esperem i no dubteu en convidar a tot aquell que estigui interessat!
18:30h: AULA 301 del CAMPUS CATALUNYA

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El próximo 27 de marzo, a las 18:30h. (Aula 301), tendrá lugar la primera sesión del Club de Cine de la URV con un film de rabiosa actualidad.
Para inaugurar el Club (y pasar la prueba de fuego), hemos creído adecuado dedicar esta primera reunión a un film que últimamente ha dado mucho de qué hablar: la gran ganadora de la Gala de los Oscars, THE ARTIST (2011), de Michel Hazanavicius.

Todo aquél que esté interesado en participar, puede visionar el film antes de la cita que tenemos el 27 de marzo, con tal de preparar un poco el terreno y hacer comentarios sobre él. Si tenéis alguna duda, podéis poneros en contacto con el Club de Cine o el Aula de Cine de la URV, y os facilitaremos el camino cuanto podamos.
¡Os esperamos y no dudéis en invitar a todos los que puedan estar interesados!
18:30h: AULA 301 del CAMPUS CATALUNYA